Pie diabético

Pie diabético

el pie diabético es una complicación de la diabetes que combina dos problemas: la pérdida de sensibilidad por daño en los nervios (neuropatía) y la mala circulación (isquemia). Esa combinación hace que una pequeña herida o una dureza pasen desapercibidas y puedan evolucionar hacia una úlcera. Los primeros síntomas suelen ser hormigueo, entumecimiento, sequedad y durezas; las señales de alarma son heridas que no cicatrizan, cambios de color, hinchazón o mal olor. La prevención se apoya en tres pilares: revisar los pies a diario, controlar la glucemia y acudir de forma periódica al podólogo, que detecta y descarga las zonas de presión antes de que se ulceren.

¿Qué es el pie diabético y por qué aparece?

El pie diabético no es una enfermedad aislada, sino un conjunto de alteraciones que afectan al pie de una persona con diabetes cuando los niveles de glucosa se mantienen altos durante mucho tiempo. Conviene aclarar algo desde el principio: tener diabetes no significa que se vaya a desarrollar un pie diabético. El riesgo depende del control de la glucemia, de los años de evolución y de si aparecen o no las dos alteraciones que están en el centro del problema.

La primera es la neuropatía diabética: el exceso de azúcar daña progresivamente los nervios del pie y reduce la sensibilidad. La persona deja de notar el roce de un zapato estrecho, una piedrecita dentro del calzado o una pequeña herida. La segunda es la afectación circulatoria (isquemia): las arterias de las piernas se endurecen y estrechan, llega menos sangre al pie y cualquier lesión cicatriza mucho peor. A esto se suma que la hiperglucemia debilita las defensas frente a las infecciones.

La combinación es la que hace peligrosa esta afección: el pie no avisa del daño porque no lo siente, y cuando ese daño aparece no se repara bien porque le falta riego. Por eso una lesión que en cualquier otra persona sería banal, en un pie diabético puede convertirse en un problema serio.

Síntomas del pie diabético: cómo saber si debes preocuparte

Los síntomas dependen de si predomina el daño nervioso, el circulatorio o ambos. Estos son los más frecuentes en las fases iniciales:

  • Hormigueo, entumecimiento o sensación de acorchamiento en dedos y planta.
  • Pérdida de sensibilidad: no notar bien el calor, el frío, el roce o el dolor.
  • Quemazón o dolor punzante, que a menudo empeora por la noche.
  • Piel seca, agrietada y durezas o callos que aparecen siempre en las mismas zonas de apoyo.
  • Uñas engrosadas o con cambios de color.
  • Pies fríos, pálidos o con la piel brillante, y molestias en las piernas al caminar que obligan a pararse.

Este último grupo de síntomas apunta a un componente circulatorio y no conviene minimizarlo; puedes leer más sobre las causas y las señales de la falta de riego en pies y piernas para entender cuándo la circulación empieza a comprometerse. En consulta es muy habitual que el paciente reste importancia al entumecimiento o a la dureza recurrente, precisamente porque no duele. Ese silencio del síntoma es lo que lo hace engañoso.

Señales de alarma: cuándo acudir sin esperar

Hay signos que no admiten margen de espera. Si detectas cualquiera de los siguientes, contacta con un profesional lo antes posible o acude a urgencias:

  • Una herida o úlcera que no cicatriza en pocos días.
  • Enrojecimiento, calor localizado o hinchazón en una zona del pie.
  • Mal olor, secreción o pus.
  • Cambios de color hacia el azulado o el negro en un dedo o zona de la piel.
  • Dolor intenso y repentino, o por el contrario una herida importante que no duele nada.
  • Fiebre acompañando a cualquier lesión del pie.

La regla es sencilla: en un pie diabético, ninguna herida es «poca cosa» hasta que un profesional la valora.

El papel del podólogo: qué hacemos que no puedes hacer en casa

El cuidado del pie diabético es cosa de equipo —endocrino, enfermería, y también el podólogo—, y cada uno aporta algo distinto. En Podología Clot, además de colaborar con los circuitos de atención de la sanidad pública, el trabajo del podólogo se centra en tres cosas que marcan la diferencia frente al autocuidado:

  • Cribado del pie de riesgo. Medimos objetivamente la sensibilidad (con monofilamento y diapasón) y valoramos los pulsos y la circulación. Esto nos permite clasificar el nivel de riesgo real, algo que en casa es imposible de saber.
  • Quiropodia segura. Retirar durezas y tratar uñas en un pie diabético requiere técnica estéril y controlada: lo que para otra persona es una molestia, aquí puede ser la puerta de entrada de una infección. Por eso insistimos tanto en que nunca se corten las durezas ni se usen callicidas por cuenta propia.
  • Detección y descarga de zonas de presión. Aquí es donde la biomecánica cambia el pronóstico, y le dedico el siguiente apartado.

Si tienes diabetes y aún no has hecho una valoración de tus pies, esa exploración inicial es el punto de partida; puedes ver en qué consiste nuestra atención al pie de riesgo y por qué las revisiones periódicas son la mejor inversión en prevención.

Cómo cuidar el pie diabético en casa: rutina diaria

El autocuidado no sustituye a las revisiones, pero es la primera línea de defensa. Esta es la rutina que recomendamos:

  1. Revísate los pies cada día. Busca heridas, rojeces, ampollas o cambios de color, también en la planta y entre los dedos. Usa un espejo si no llegas bien.
  2. Lávalos con agua tibia (nunca caliente, la comprobarías mal si tienes menos sensibilidad) y jabón neutro. No los dejes en remojo.
  3. Sécalos bien, con especial cuidado entre los dedos, para evitar la humedad que favorece hongos.
  4. Hidrata la piel de la planta y el dorso, pero no entre los dedos.
  5. Corta las uñas rectas y sin apurar los laterales. Si te cuesta o tienes poca visión, déjalo en manos del podólogo.
  6. Elige bien el calzado: cerrado, ancho en la puntera, sin costuras internas que rocen, y revisa siempre el interior antes de ponértelo.
  7. Usa calcetines sin costuras y evita caminar descalzo, también en casa.
  8. Controla la glucemia: es la base de todo lo anterior.

Por qué la biomecánica previene la amputación

Este es el punto que más se pasa por alto. La mayoría de las úlceras del pie diabético no empiezan por un corte accidental, sino por presión repetida en un punto concreto. Cuando el apoyo no se reparte bien —por una deformidad, un dedo en garra, un juanete o una forma de pisar determinada—, la piel responde formando una dureza (hiperqueratosis) sobre ese punto.

El problema es que esa dureza se comporta como una piedra dentro del zapato que el paciente no siente. Bajo ella, la presión sigue acumulándose hasta que el tejido se rompe por debajo y se forma una úlcera, muchas veces ya infectada cuando se descubre. De ahí que la gravedad del pie diabético sea tan real: la literatura clínica sitúa la mortalidad a cinco años tras una úlcera en cifras comparables a las de varios cánceres frecuentes. Puedes ampliar la información sobre prevención en el portal del colegio profesional de la especialidad.

La biomecánica interrumpe esa cadena antes de que empiece. Con un estudio del apoyo mediante análisis de las presiones plantares identificamos exactamente dónde se concentra la carga, y con plantillas de descarga redistribuimos esa presión para que ningún punto vuelva a soportar más de lo que debe. No se trata solo de curar la dureza: se trata de eliminar la causa que la genera una y otra vez.

Preguntas frecuentes sobre el pie diabético

¿Todas las personas con diabetes tendrán pie diabético?

No. Depende sobre todo del control de la glucemia y de si se desarrollan neuropatía o problemas de circulación. Un buen control metabólico y las revisiones periódicas reducen mucho el riesgo.

¿Cómo sé si estoy perdiendo sensibilidad en los pies?

Las primeras pistas son el hormigueo, el entumecimiento o no notar bien el roce del calzado. La forma objetiva de comprobarlo es una prueba de sensibilidad en la consulta del podólogo; no se puede medir de forma fiable en casa.

¿Puedo cortarme yo las durezas o usar callicidas?

No. En un pie diabético, tanto cortar durezas como aplicar callicidas puede provocar heridas que se infecten. La eliminación de durezas y uñas debe hacerla siempre un profesional.

¿Cada cuánto debo revisarme con el podólogo?

Depende de tu nivel de riesgo. En un pie sin complicaciones puede bastar una revisión cada pocos meses; si hay neuropatía, deformidades o antecedentes de úlcera, las visitas son más frecuentes. La primera exploración es la que define esa pauta.

¿Se puede prevenir la amputación?

En la gran mayoría de los casos, sí. La combinación de control glucémico, autocuidado diario y seguimiento podológico —incluyendo la descarga biomecánica de las zonas de presión— previene la mayoría de las úlceras, que son el paso previo a las complicaciones graves.

¿Qué calzado es mejor si tengo diabetes?

Un zapato cerrado, ancho en la puntera para no comprimir los dedos, sin costuras interiores que rocen y con buena sujeción. Conviene revisar siempre el interior antes de calzarse por si hay algún objeto o pliegue.

Este contenido es de carácter general y no sustituye la valoración de un podólogo. Si tienes diabetes y notas cualquier cambio en tus pies, o si tus síntomas persisten o se intensifican, te recomendamos pedir cita para una exploración personalizada.

¿Quieres una valoración de tus pies? 

En nuestra clínica del Clot, en Barcelona, realizamos la exploración completa del pie de riesgo y diseñamos el plan de prevención adecuado a tu caso. Pide cita aquí y ponle a tus pies el cuidado que la diabetes exige.

Más sobre el autor |  Todos los artículos

Soy experto en biomecánica y profesor del Máster de podología pediátrica y del curso de técnicas manipulativas de columna y pelvis, en ellos disfruto formando a fisioterapeutas y podólogos en las competencias biomecánicas.

ÚLTIMOS ARTÍCULOS

CATEGORÍAS

ARCHIVOS

Archivos
COMPARTE ESTE ARTÍCULO: