El tratamiento oncológico puede hacer que la piel del pie esté más seca y frágil, que aparezcan grietas, cambios en las uñas, más sensibilidad al roce o, al contrario, hormigueo y pérdida de sensibilidad. Una rutina diaria sencilla (revisión, higiene suave, secado meticuloso, hidratación segura y calzado adecuado) reduce el riesgo de heridas e infecciones. Si notas enrojecimiento que progresa, supuración, grietas profundas, dolor intenso o una herida que no mejora, conviene consultar cuanto antes.
Durante un tratamiento oncológico (quimioterapia, radioterapia u otras terapias), es relativamente frecuente que los pies “se resientan”. No significa que vaya a pasarte sí o sí, pero conviene anticiparse: la piel puede estar más delicada, las uñas pueden cambiar y, en algunas personas, la sensibilidad del pie se altera.
El objetivo de esta guía es que tengas un plan claro y seguro para cuidar tus pies en casa y sepas cuándo es recomendable pedir ayuda profesional.
Índice
- ¿Por qué el tratamiento oncológico puede afectar a pies y uñas?
- Problemas más frecuentes en los pies durante el tratamiento (y cómo reconocerlos)
- Rutina diaria recomendada (paso a paso)
- Qué conviene evitar durante el tratamiento
- Cuándo pedir cita con el podólogo (y cuándo consultar de forma preferente)
- Cómo puede ayudar la podología en el paciente oncológico
- Preguntas frecuentes
- Pide cita en Podología Clot
¿Por qué el tratamiento oncológico puede afectar a pies y uñas?
Piel más frágil, seca y con grietas
Algunos tratamientos favorecen la sequedad intensa: la piel se descama, aparece tirantez y pueden formarse fisuras (sobre todo en talones). Estas grietas, además de dolorosas, pueden ser una puerta de entrada para infecciones.
Cambios en las uñas
Las uñas pueden volverse más frágiles, con estrías, cambios de color, engrosamiento o incluso separarse parcialmente del lecho ungueal. También es más fácil que se irriten los laterales si el corte no es adecuado o el calzado presiona.
Alteraciones de sensibilidad (hormigueo, ardor, “adormecimiento”)
En algunos pacientes aparece neuropatía periférica: notas hormigueo, quemazón o menos sensibilidad. Cuando la sensibilidad disminuye, es más fácil no detectar una rozadura, una ampolla o un pequeño corte a tiempo.
Problemas más frecuentes en los pies durante el tratamiento (y cómo reconocerlos)
Síndrome mano-pie: señales típicas
Puede manifestarse como enrojecimiento, sensación de calor, dolor, tirantez, hinchazón y, a veces, descamación o pequeñas grietas. Suele empeorar con fricción, presión o temperaturas extremas.
Grietas y fisuras (talones / dedos)
- Dolor al apoyar
- Piel abierta o sangrado
- Sensación de “corte” en talón
Si la fisura es profunda o se acompaña de enrojecimiento alrededor, hay que vigilarla de cerca.
Infecciones en piel o uñas: signos de alarma
Consulta si aparece alguno de estos signos:
- Supuración, mal olor persistente
- Enrojecimiento que avanza o zona caliente
- Dolor creciente o inflamación marcada
- Herida que no mejora en 48–72 h pese a cuidados básicos
Uñas frágiles, dolorosas o que se despegan
Si notas que una uña “se levanta”, está quebradiza o duele al calzarte, evita manipularla. Forzarla o arrancarla aumenta el riesgo de lesión e infección.
Neuropatía periférica: por qué aumenta el riesgo
Cuando hay menos sensibilidad, las lesiones pequeñas pasan desapercibidas. Por eso la revisión diaria del pie se vuelve más importante que nunca.
Rutina diaria recomendada (paso a paso)
1) Revisión rápida (30–60 segundos)
Cada día, en un lugar con buena luz:
- Planta, talones y laterales
- Entre los dedos
- Contorno de las uñas
Si te cuesta verlo, usa un espejo o pide ayuda a un familiar.
2) Higiene suave + secado meticuloso
- Lava con agua tibia (no muy caliente) y jabón suave.
- Seca sin frotar fuerte, insistiendo entre los dedos.
La humedad mantenida facilita maceración e infecciones.
3) Hidratación segura
- Aplica crema hidratante en planta y talón.
- Evita poner crema entre los dedos (ahí interesa mantener la zona seca).
Si tienes la piel muy sensible, prioriza fórmulas sin perfume y de textura cómoda. Si hay grietas profundas, lo ideal es que un profesional te indique la pauta más adecuada según tu piel.
4) Uñas: cómo cortarlas/limarlas para reducir problemas
- Mejor corte recto (sin “redondear” en exceso los laterales).
- Si la uña está frágil, a veces es más seguro limar que cortar.
- No intentes “limpiar” por debajo de la uña con objetos punzantes.
Si hay dolor lateral, inflamación o sospecha de uña encarnada, te ayudará esta guía: uña encarnada en el pie.
5) Calcetines y calzado: claves para evitar presión y rozaduras
- Calcetín sin costuras o con costura plana; cambia si hay sudor.
- Calzado amplio, con puntera cómoda y sin puntos de presión.
- Evita estrenar zapatos largos ratos: haz “rodaje” progresivo.
- En casa, mejor zapatilla cerrada y estable que ir descalzo (sobre todo si hay menor sensibilidad).
Qué conviene evitar durante el tratamiento
Pedicuras agresivas, callicidas y “arreglos” caseros
- Evita callicidas químicos, cuchillas, limas eléctricas o “cortar durezas” en casa.
- No “arranques” piel suelta: puede provocar una herida innecesaria.
Si notas durezas por roce o presión, es más seguro abordarlo con cuidado profesional y medidas preventivas. Puedes ver orientación general en: duricias
Calor/frío extremos y caminar descalzo
- Evita bolsas de agua caliente, mantas eléctricas o baños muy calientes (riesgo de quemadura, sobre todo si hay neuropatía).
- Evita hielo directo sobre la piel.
- Evita ir descalzo: un pequeño golpe o rozadura puede complicarse.
Autocortes y manipular uñas dañadas
Si una uña está frágil o parcialmente despegada, no la fuerces. Proteger y evaluar suele ser más seguro que “arreglarla” en casa.
Cuándo pedir cita con el podólogo (y cuándo consultar de forma preferente)
Consulta preferente (cuanto antes) si:
- Hay supuración, calor local marcado, enrojecimiento que progresa
- Aparece una herida que no mejora en 48–72 horas
- Hay dolor intenso al apoyar o al calzarte
- Grietas profundas que sangran o se abren al caminar
- Uña muy dolorosa, muy inflamada o con signos de infección
Pide revisión prioritaria si:
- Notas pérdida de sensibilidad, hormigueo o quemazón persistente
- Se repiten ampollas/rozaduras
- Te cuesta cuidar uñas/durezas sin lesionarte
- Tienes antecedentes de “pie de riesgo” (por circulación, sensibilidad u otras causas)
En estos casos, puede encajar una valoración enfocada en prevención y seguimiento. En la clínica lo abordamos dentro del enfoque de pies de riesgo.
Si el síntoma dominante es hormigueo/quemazón o cambios de sensibilidad, también puede ayudarte la orientación sobre valoración neurológica del pie.
Cómo puede ayudar la podología en el paciente oncológico
En consulta, el objetivo no es “hacer una pedicura”, sino prevenir complicaciones y mejorar el confort:
- Revisión y educación de autocuidado (rutina adaptada a tu caso)
- Tratamiento seguro de durezas y zonas de presión (sin agresiones)
- Cuidado ungueal cuando hay fragilidad, dolor o riesgo de encarnación
- Curas y seguimiento si hay piel muy dañada o lesiones
- Recomendación de calzado, protección y descargas si hay puntos conflictivos
Preguntas frecuentes
¿Puedo hacerme pedicura o esmaltarme las uñas durante el tratamiento?
Depende de tu situación (estado de piel/uña, sensibilidad, riesgo de infección). En general, evita técnicas agresivas y productos que irriten. Si quieres hacerlo, lo más prudente es comentarlo con tu equipo médico y/o podólogo para valorar riesgos.
¿Qué hago si me salen grietas en los talones?
Refuerza la hidratación de talón y planta, evita limas agresivas y revisa calzado. Si la grieta es profunda, sangra o duele al caminar, conviene valoración para prevenir complicaciones.
¿Es normal que las uñas cambien o se despeguen?
Puede ocurrir. Lo importante es no manipular la uña y vigilar signos de infección o dolor. Si molesta con el calzado o se inflama, mejor revisarlo.
¿Cómo sé si una rozadura se está infectando?
Alarma si hay supuración, mal olor persistente, aumento de dolor, enrojecimiento que se extiende o calor local marcado. Ante dudas, consulta.
¿Qué tipo de calzado es mejor?
Puntera amplia, interior sin costuras agresivas, buena sujeción y sin puntos de presión. Evita tacones, punteras estrechas y zapatos duros que rocen.
Si tengo hormigueo o poca sensibilidad, ¿qué cambio en mi rutina?
Revisión diaria obligatoria, evita calor/frío extremos, protege del roce y prioriza calzado estable. Si progresa, pide una valoración.
Pide cita en Podología Clot
Si estás en tratamiento oncológico y notas sequedad severa, grietas, cambios en uñas, rozaduras frecuentes o alteraciones de sensibilidad, podemos ayudarte con una valoración del pie y un plan de cuidado seguro, adaptado a tu día a día en Barcelona (caminar, transporte, calzado habitual).
📍 Solicita cita en Podología Clot para revisión y prevención de complicaciones.
Aviso informativo
Este contenido es general y no sustituye una valoración sanitaria individual. Si tienes dolor intenso, signos de infección, una herida que no mejora o síntomas persistentes, consulta con tu equipo médico y/o pide cita con tu podólogo.
Soy experto en biomecánica y profesor del Máster de podología pediátrica y del curso de técnicas manipulativas de columna y pelvis, en ellos disfruto formando a fisioterapeutas y podólogos en las competencias biomecánicas.





